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Vacaciones con fuegos artificiales.

He de reconocer que estás últimas vacaciones de Agosto han sido las más disfrutadas desde que somos cuatro, las más relajadas.Tipo retiro espiritual en Miami. No en serio.

Esta vez han sido más soft, gracias a los ABUELOS que desde que bajamos del avión se han encargado de los peques, de las cosas de casa, de las comidas, y sobre todo de que todos estuviéramos felices y agusto en cada momento .Nos han regalado unas vacaciones a tutti plani: nos han prestado coche, casa, bono del gym, ropa, e incluso su cama. No podemos desear con más fuerzas poder vivir cerquita de ellos pronto.
Mis padres son un premio de lotería, como mi hijo C que siempre nos hace empezar las vacaciones entre risas gracias a su desparpajo y a la poca vergüenza que ha desarrollado en pocos meses: Pasamos la salida del aeropuerto y nos esperan mis padres al otro lado con los brazos abiertos. Los cogen y le dice mi padre al niño:- «C estas más grande, hijo, cómo has crecido», a lo que respondió: -» Y tú más gordito abuelo,no comas chuches, come más sano». Mi padre meado de risa le pregunto: -» ¿Y a la abuelita como la ves?», a lo que respondió el «mu jodio»: -«A ella más bajita». Con cara de haberle echado un piropo.

La cosa siguió con largos baños en la piscina,una semana de vacaciones del abuelo aprovechando para comer en restaurantes preciosos, en los que pudimos disfrutar de ricos manjares, y buena compañía «auxiliar», con la sorpresa de que mis hijos se portaban mejor de lo que esperábamos, charlas familiares organizando y soñando con un futuro más cerca, barbacoas junto a las estrellas, visitas de muchos buenos amigos que se amoldaron gustosamente a nuestros planes de parque, helado y paseos, cosa que les agradecemos. Continuó con fuegos artificiales bajo la luna, con mi hijo y mi
padre sentados al borde del mar, abrazados, respirando suave,viendo cómo comenzaban nuestras fiestas, grabando en mi memoria un momento inolvidable.

Aprovechamos varios días para llevar a los niños a la Feria de mi ciudad engalanada; uno de ellos vestidos de flamencos junto a toda mi familia , otro para pasear a caballo y
disfrutar de las tradiciones y la belleza del centro histórico y otro para subir en las atracciones Del Real con la familia.
Otro día mi madre se quedó con los peques durmiendo la siesta y nos escapamos un par
de horitas con nuestros amigos de siempre, los que nos hacen sentir cuando estamos juntos que nunca nos fuimos.Brindamos, cantamos y bailamos sin interrupciones, sin tetas fuera,y sin llantos. Cuánto lo disfruté.

También flipamos con el momento Boda. El primer día que me separaba de mis niños más de una hora y media. Siete horas concretamente. Las lágrimas del novio al ver entrar a la novia,un par de sorbitos de vino, un baile lento, un photocall de orinarme encima, y la magia del momento me hicieron que deseara volver a
casarme, o mejor dicho, que deseara volver a disfrutar la loca y despreocupada noche de bodas. Pero no, mis tetas cual piedras ya no podían más y al llegar a casa nos esperaban nuestros cachorros dormidos felices y tranquilos en el regazo en el que yo me crié.

Después de tanto evento necesitábamos un poquito de relax, así que una tarde de la semana siguiente los dejamos echando la siesta y nos escapamos a un Spa, con burbujas y sin relojes. Gracias a ello y a mí Mariloco se me ha coloreado sola alguna cana prematura.
Que diferentes que son las cosas con ayuda,eh. Con presencia. Con acompañamiento. Cuanto estrés se evapora. Que simpático eso de escaparte tranquila, sabiendo que están bien, que les estás regalando instantes inolvidables, que te están regalando tiempo.Mi vida modo siamesa me encanta, yo la he elegido así, pero esos 2/3 momentos del año que me los despego un rato son necesarios y reconfortantes.
Igual de necesarios que los mimos de mama, sus comidas, sus enseñanzas , su paciencia y su sabiduría. El último día me regalo una frase que me ha marcado mucho, y que ahí os dejo:

Igual de reconfortantes que sentir que por muchos años que pasen sigo siendo la niñita de papa, comprobando que aún soy su consentida y que haría cualquier cosa por hacerme reír, por hacerme feliz, incluso dejarme pintarle las uñas rosa flúor o quedarse hasta las tantas despierto consolando a mi hija febril y dolorida con la dentición.
Y todo lo que bien empieza rápido y mal acaba, siempre con muchos «yo me quiero quedar aquí» y demasiados «te voy a echar mucho de menos» , pero se nos pasa al llegar a nuestro hogar, a nuestra vida y todo vuelve a la normalidad, con el recuerdo maravilloso de todos esos momentos vividos, y agradecidos eternamente a unos padres que no sólo me lo han dado todo sino que ahora se lo dan también a mis hijos y mi marido.

PD: Ahora a poner en ON el modo siamés de nuevo hasta el próximo Agosto. 💪🏼💪🏼💪🏼💪🏼💪🏼💪🏼💪🏼
Estefanía Martín.
Blog No le digas eso a Mama.


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